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Derrumbe de edificio en Surfside (Miami)

Escuchó un "enorme ruido espeluznante" y logró salir del edificio de Surfside antes de que cayera

Tras salir de su apartamento corriendo y en chancletas, María Iliana Monteagudo bajó por las escaleras desde el sexto piso mientras a los gritos le pedía a Dios que no la abandonara porque quería ver otra vez a sus hijos y nietos”. Cuando llegó a la altura del cuarto piso se detuvo al oír un “enorme ruido espeluznante” que le dejó claro que el edificio se estaba cayendo.
30 Jun 2021 – 06:42 PM EDT
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María Iliana Monteagudo es devota de la virgen de Guadalupe y no tanto de la Caridad del Cobre, la patrona de su natal Cuba. Por eso, cuando estaba a punto de salir de su departamento 611 que comenzaba a agrietarse en el edificio de 12 pisos de Surfside, se acordó de la veladora que le había encendido a la guadalupana y la apagó, al mismo tiempo que le pedía no abandonarla mientras intentaba llegar ilesa hasta la calle.

Minutos antes, en aquella madrugada del 24 de junio que le habría de cambiar la vida a cientos de personas, María Iliana se había ido a la cama consciente de que le iba a costar trabajo poder conciliar el sueño, como siempre le ocurría cuando tiene que levantarse temprano a la mañana siguiente, le contó a CNN.

Por eso, cuando comenzaba a quedarse dormida, de pronto algo la despertó. “Fue como una fuerza que me dijo que algo andaba mal”, cuenta la cubana que de inmediato comenzó a escuchar crujidos en la puerta que daba a su balcón con vista al mar. Fue en ese momento en el que vio una grieta negra que se iba abriendo mientras el techo se achicaba cada vez más.

“Sal corriendo de ese lugar”, fue lo que dijo que escuchó en su cabeza, por lo que fue corriendo a su habitación para quitarse su bata de dormir y tomó el primer vestido que encontró, para después calzarse unas chancletas, con las que fue hasta el comedor para agarrar su celular, su cartera, un pastillero con sus medicinas y las llaves. Antes de llegar a la puerta vio la vela encendida a la Guadalupe, la tomó y de un soplido la apagó.


En ese frenético momento, mientras el ruido comenzaba a aumentar y con 64 años cumplidos, Monteagudo tomó la decisión de bajar por las escaleras y no por el ascensor, tal como había sido su primer pensamiento. Con paso firme le pedía a Dios que no la abandonara “porque quería ver otra vez a mis hijos y nietos”. Cuando llegó a la altura del cuarto piso se detuvo al oír un “enorme ruido espeluznante” que le dejó claro que el edificio se estaba cayendo.

Sin tiempo ni ganas de concentrarse en la idea de morir aplastada o de que los escombros no le permitieran abrir la puerta del primer piso -si es que alcanzaba a llegar- continuó bajando mientras todo crujía y se llenaba de polvo. “Fue el momento más horrible que he pasado en toda mi vida”, cuenta.

Justo cuando comenzaba a entonar la enésima plegaria a la virgen y Dios, la afligida mujer se dio cuenta que había llegado hasta la puerta del primer piso donde el agua le llegaba hasta los tobillos. Cuando pudo abrirla, lo único que alcanzaba a ver era una zona de desastre llena de escombros, por lo que no supo dónde estaba. Fue el grito de un empleado de seguridad, que le pedía escalar una pequeña barda que se había formado de unos 5 pies, la que la sacó de su letargo momentáneo.

“Era mucha altura para una mujer de 64 años”, relata, quien de pronto tomó la mano extendida del guardia para subir, dejando caer su celular para poder sostenerse con mayor fuerza. Una vez arriba del muro provisional, supo que iba a ser imposible poder brincar hasta la calle. Por eso, cuando vio un pequeño escombro del lado izquierdo que le sirvió como un peldaño para bajar, supo que sus plegarías habían sido escuchadas.

"Mucha gente sabía que había problemas"

Contó al diario The Washington Post que llegó a este edificio de Surfside a finales de diciembre, luego de que su divorcio le dejó unos 600,000 dólares en efectivo, cantidad que dispuso para comprar su departamento con la intención de vivir el resto de su vida plenamente.

A pesar de que sus horarios laborales no le dejaban mucho tiempo para poder disfrutar de la vista al mar que la había enamorado en la primera visita, se sintió cómoda con los amables vecinos.

Sin embargo, según testimonios y documentos que ya circulan ampliamente en los medios de EEUU, durante muchos años, este edificio careció de la atención necesaria para reparar las alertas que algunos especialistas iban señalando, tal como lo contó William Andrés Espinosa, exjefe de mantenimiento del inmueble entre 1995 y 2000, quien aseguró no entender nunca “por qué había tantas filtraciones de agua (…) en el estacionamiento subterráneo y sin razón aparente, aunque fuera un día soleado”.

Además, en entrevista con Univision Noticias, Espinosa afirmó que, aunque reportó este inconveniente a la asociación de vecinos del edificio, sus respuestas solo se limitaban a ordenarle poner a sus trabajadores “a limpiar y sacar el agua” sin que -dice- se haya realizado una reparación estructural en todo el tiempo que trabajó allí.

El pasado 9 de abril, la asociación notificó que el edificio sería sometido a 15 millones de dólares en mantenimiento que se había acordado para poder resolver los inconvenientes de estructura que había que atender de manera urgente, luego de que el ingeniero, Frank Morabito, de la empresa Morabito Consultants, realizó en 2018 una inspección del inmueble.

En voz de la presidenta de la junta, Jean Wodnicki, los residentes supieron que el daño del edificio se multiplicaría con el correr de los años, incluido el que ya era notable en el garaje. "Cuando se puede ver visualmente el hormigón (agrietado), eso significa que la barra de refuerzo que lo mantiene unido se está oxidando y deteriorándose debajo de la superficie... El deterioro del hormigón se acelera. La situación del techo empeoró mucho, por lo que hubo que incorporar extensas reparaciones en el techo", comunicó la administradora, según explicó The Wall Street Journal.

Morabito Consultants dijo que la asociación de vecinos había vuelto a requerir sus servicios el año pasado con la intención de preparar un plan de reparación y restauración del edificio. Incluso Monteagudo aseveró que todos los residentes debían empezar a pagar 1,000 dólares extra a partir de este julio, por este motivo.

Sin embargo, por medio de un comunicado, la compañía afirmó que en el momento del derrumbe solo se estaban realizando reparaciones en el techo y que la “restauración del hormigón todavía no había comenzado”.


La Fiscalía de Miami-Dade dejó claro que le solicitará a un gran jurado que analice las causas de este derrumbe parcial que hasta el momento ha dejado 16 muertos y más de 140 personas desaparecidas.

“Es un asunto de extrema importancia pública”, dijo la fiscal estatal Katherine Fernández-Rundle, en un comunicado a la agencia EFE.

Por lo pronto, consciente de que perdió todo lo que tenía pero que tiene su vida “y eso es todo lo que importa”, María Iliana Monteagudo no para de rezar por todos los que están bajo los escombros mientras las labores de rescate siguen con el tiempo en contra.

“Mucha gente sabía que había problemas en ese edificio. Este es un desastre que alguien podría haber detenido antes de que sucediera”, dice con dolor, mientras frota una imagen de la virgen de Guadalupe que cuelga de su collar y a quien le agradece que hoy solo tenga un par de moretones en sus rodillas y la suerte de poder contar su historia.

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