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Por qué Daniel Ortega teme a Cristiana Chamorro y a periodistas independientes

"Al régimen de Ortega y de su esposa, la igualmente vitalicia vicepresidenta Rosario Murillo, no les interesa la verdad. Todo lo contrario. Buscan ahogarla en un mar de iniquidades y abusos. Pero a la comunidad democrática internacional sí debiera interesarle".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision
2021-06-01T14:00:38-04:00
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Presidente de Nicaragua - Daniel Ortega Crédito: AP

Hace tres décadas, cuando acababa de conmocionar a Nicaragua y Latinoamérica con su contundente victoria electoral, doña Violeta Barrios de Chamorro recibió a un derrotado, humillado y desmoralizado Daniel Ortega en su residencia de Managua. En el estudio donde solía trabajar su esposo, el mártir antisomocista Pedro Joaquín Chamorro – transformado en monumento a su memoria - doña Violeta sentó frente a ella a Daniel, quien lloriqueaba por la derrota. “No llorés más”, le dijo, “lo que tenés que hacer es aceptar que vos perdiste, convertirte en opositor y aspirar de nuevo a la presidencia democráticamente”.

La anécdota me la refirió doña Violeta durante una visita de trabajo que hice a su casa. “Ahí mismo donde vos estás sentado”, subrayó, “se sentó Daniel a llorar como un niño”. Con el instinto maternal que la caracterizaba, doña Violeta se apiadó de Daniel Ortega a pesar de que éste había ejercido como dictador durante una década y no quería soltar el poder una vez superado por ella en las elecciones de febrero de 1990. Lamentablemente, Ortega solo escuchó a medias el consejo de doña Violeta. Desde entonces fraguó su regreso al poder a toda costa. Pero con la aviesa intención de quedárselo, al peor estilo caudillista que tanto daño y sufrimiento ha causado a Nicaragua y a toda América Latina.

Ortega lleva 14 años al hilo en la presidencia. Reinó otros 10 durante la aciaga década sandinista en los ochenta. Y aspira a reelegirse en elecciones amañadas en noviembre, mediante un proceso que apenas deja espacio a la oposición para hacer campaña. Pero, para sus designios autocráticos, la prensa y los periodistas independientes en Nicaragua son un obstáculo mayor. También lo es Cristiana Chamorro Barrios, la hija de Pedro Joaquín, la histórica conciencia moral de Nicaragua, y doña Violeta, la mujer sin experiencia política, pero audaz y carismática, que lo derrotó y le devolvió la esperanza democrática a su país.

Ortega teme sufrir una nueva derrota humillante a manos de una Chamorro que durante años se ha movido con destreza entre periodistas, auspiciado causas nobles, como la ayuda a los pobres y a damnificados de desastres naturales y la promoción del periodismo serio. El principal vehículo de su labor social y periodística ha sido la fundación que lleva el nombre de su mamá, la cual dirige desde hace tres décadas. En los años 90 y principios de los 2000, presencié la labor extraordinaria que la Fundación Violeta Barrios de Chamorro realiza, con orgullo colaboré en sus talleres para formar periodistas jóvenes y como jurado del Premio Nacional de Periodismo de Nicaragua.

Ortega ha desatado una persecución feroz contra la fundación, Cristiana y decenas de periodistas independientes que se adiestraron o perfeccionaron sus técnicas de trabajo a través de la fundación. Entre los perseguidos está Carlos Fernando Chamorro, hermano de Cristiana, cuya publicación 'Confidencial' ha cerrado el régimen dos veces. Los periodistas independientes han mantenido vivas las denuncias de la matanza de manifestantes que perpetraron policías y paramilitares del régimen en 2018. En febrero, la fundación tuvo que cesar sus operaciones debido a una arbitraria ley que obligaba a sus colaboradores a inscribirse como “agentes extranjeros” porque la entidad usaba fondos provenientes de otros países, algo inevitable en una Nicaragua endémicamente pobre. Lo mismo se vio obligado a hacer el centro PEN-Nicaragua, filial de la organización de escritores PEN Internacional.

No satisfecho con estos atropellos, el régimen orteguista inició una canallesca investigación de “lavado de dinero” contra la fundación, Cristiana Chamorro y otros colaboradores de la organización no lucrativa. Esto a pesar de que la fundación siempre se cuidó de funcionar con la autorización expresa de los gobiernos nicaragüenses y de rendir cuentas al fisco y al ministerio de relaciones exteriores.

Algunos fondos utilizados por la fundación provinieron de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID por sus siglas en inglés. El Departamento de Estado rechazó las imputaciones de la Fiscalía de Nicaragua, controlada por el régimen, diciendo: “Como parte de nuestra supervisión regular, USAID ha realizado varias auditorías de nuestro programa con la Fundación Violeta B. de Chamorro. No hemos encontrado evidencia de lavado de dinero o instancia en la que los fondos de USAID hayan sido desviados por la Fundación para otros propósitos”.

Las acusaciones de lavado de dinero son una burda patraña para estrangular la candidatura de Cristiana Chamorro y la fundación y a para silenciar a periodistas independientes. El régimen ha citado a declarar a decenas de ellos en su turbia investigación. Y ha convertido a varios en investigados. Entre sus víctimas está María Lilly Delgado, corresponsal de Univisión en Nicaragua cuya integridad conocemos bien todos sus compañeros de trabajo. Admiro la valentía y entereza con las que declaró, frente al Ministerio Publico en Managua, “yo soy reportera como ustedes. Yo vengo aquí con mi coraza, que es la verdad”.

Al régimen de Ortega y de su esposa, la igualmente vitalicia vicepresidenta Rosario Murillo, no les interesa la verdad. Todo lo contrario. Buscan ahogarla en un mar de iniquidades y abusos. Pero a la comunidad democrática internacional sí debiera interesarle. Estados Unidos y las democracias europeas y latinoamericanas deberían denunciar enérgicamente ante la OEA y la ONU los atropellos que está cometiendo el régimen nicaragüense para permanecer en el poder. Washington podría expandir las sanciones contra Ortega, su familia y sus cómplices en la represión (en la actualidad solo hay 24 sancionados). Y la Unión Europea podría adoptar sanciones similares a las estadounidenses.

El aislamiento radical de la dictadura nicaragüense de la comunidad de naciones civilizadas es el mínimo precio que Ortega debería pagar por devolver a Nicaragua a la oscura noche del caudillismo, la arbitrariedad y la represión.


Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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