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CityLab Medio Ambiente

La agonía de Xochimilco, ícono turístico y agrícola de Ciudad de México

La característica zona chilanga fue alguna vez un lugar único por su sistema de producción de alimentos. Chefs, activistas y agricultores claman por su recuperación.
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5 Dic 2016 – 02:21 PM EST
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Xochimilco es más que una atracción turística. Es un polo ambiental y agrícola, aunque está en serio riesgo. Crédito: PEDRO PARDO/AFP/Getty Images

A los políticos les encanta hacerse publicidad con Xochimilco, una de las postales más clásicas de Ciudad de México. Vienen, se toman fotos junto a sus canales y coloridas balsas, hacen promesas vagas y se van. El último de ellos fue el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, al anunciar, en agosto pasado, una inversión de más de 25 millones de pesos en proyectos de rescate de embarcaderos. Antes de él estuvo Marcelo Ebrard, quien en 2007, en el marco del vigésimo aniversario de la declaratoria de Xochimilco como Patrimonio Cultural de la Humanidad, aseguraba que se haría un esfuerzo muy importante para recuperar la zona chinampera.

Pero en Xochimilco las contradicciones entre los hechos y las promesas saltan a la vista. Cualquier visitante que se deslice por sus canales puede atestiguarlo: el agua está sucia, la basura se acumula en las orillas, hay miles de chinampas abandonadas –sus zonas agrícolas– y, en algunos tramos, el lirio acuático y otras plantas invasoras cubren por completo los canales.

17,500 viviendas ilegales en los alrededores de los canales descargan, de manera informal, sus desechos a los canales y el nivel del agua ha bajado en 1.5 metros en promedio en los últimos diez años, de acuerdo al medio mexicano Big Data. Esto ha llevado a la organización Natoure a crear la campaña Salvemos a Xochimilco, la que ya ha conseguido más de 20,000 firmas, entre las que destaca el apoyo del vocalista de la banda Café Tacuba, Rubén Albarrán.

“Xochimilco se nos muere y, con él, el agua, los alimentos y la poca buena calidad de aire que nos queda en la Ciudad de México”, dice Albarrán en un video, aludiendo también a la calidad de pulmón verde de la zona. “Las chinampas agonizan y con ellas la posibilidad de regalar a la humanidad el sistema agrícola más eficiente y sostenible, con el cual podríamos tener autosuficiencia alimentaria”.

Una zona con historia, pero sin futuro

Las cosas no fueron siempre así. Si retrocediéramos en el tiempo para situarnos en los primeros años del siglo XIV, nos encontraríamos en un área de grandes avances tecnológicos, funcionando como sistema y permitiendo la subsistencia de una ciudad gracias a su enorme producción agrícola.

Junto con Culhuacán y Chalco, el área en que se encuentra Xochimilco formó parte de los señoríos prehispánicos que se establecieron en la riviera de los lagos del sur del Valle de México. Los xochimilcas fueron una de las tribus nahuatlacas que migraron del norte en el siglo XIII para asentarse aquí. Cuando esto ocurrió, en Mesoamérica ya se empleaban diversas técnicas agrícolas para el cultivo: terrazas, control del agua de los manantiales, irrigación y chinampas.

Universidad del Claustro de Sor Juana.


La chinampa es un sistema de producción que consiste en aprovechar las partes húmedas mediante la formación de islas o camellones flotantes. Para su funcionamiento, las chinampas están divididas por canales angostos (apantles) y rodeadas de ahuejotes: las raíces de estos árboles son las que se encargan de retener la tierra y evitar su erosión.

Cuesta imaginarlo, pero cuando los xochimilcas se convirtieron en tributarios de Tenochtitlan, en 1430, era desde aquí de donde se trasladaban las cargas de maíz, frijol y otros cultivos hasta el palacio del gobernante en turno. Siglos más tarde, estos canales seguían formando parte de la infraestructura hidráulica que conectaba la zona lacustre de Xochimilco y Chalco con el corazón de la ciudad colonial.

Hubo un tiempo en que el agua funcionaba como eje integrador de la ciudad y Xochimilco es prueba de ello. Pero poco queda de aquella ciudad lacustre. La invasión de terrenos, la sobreexplotación de acuíferos, el crecimiento desordenado de la mancha urbana y las descargas de aguas negras se han ido encargando de su extinción.

Hay quienes, en todo caso, que se resisten a permitir que la megalópolis se devore este legado. Uno de ellos es Noé Coquis Saldívar, campesino que utiliza el método de las chinampas en el barrio de La Asunción, Xochimilco. Él es la cuarta generación de agricultores de la zona, sigue conservando las técnicas tradicionales y tiene sus chinampas produciendo.

“Las chinampas son islas artificiales que deben tener ahuejotes –árbol nativo de Xochimilco pariente del sauce–, cuya función es la de ser cortina rompevientos, además de ayudar a que el terreno no se deslave. La chinampa debe tener sus apantles: canales pequeños en las orillas que sirven para tener buenos cultivos y para evitar problemas de salinidad”, explica Coquis.

Con él trabaja Lucio Usobiaga, fundador de la empresa agrícola Yolcán, quien llegó a la zona hace cinco años con la idea de producir alimentos orgánicamente. “Empezamos sembrando en el Parque Ecológico de Xochimilco. Más tarde, le rentamos una chinampa al papá de Noé y así es como empezamos a trabajar juntos. Noé y yo nos fuimos a tomar cursos, nos dimos a la tarea de sembrar cosas nuevas, aplicando técnicas tradicionales y nos pusimos a trabajar con los chefs de los mejores restaurantes de la ciudad”, detalla Usobiaga.

Hoy Yolcán es una empresa consolidada que tiene un rol muy importante en el rescate de Xochimilco. “Nosotros trabajamos la parte ecológica, la parte social, la parte productiva y la parte económica. Cualquier propuesta de rescate en esta zona debe cubrir todos esos aspectos”, agrega Usobiaga. “Las chinampas deben ser trabajadas, pero no es suficiente con tener la producción, porque si no es orgánica, está contaminando el agua. Por otro lado, los proyectos deben incluir a la comunidad, se debe trabajar con las famillias chinamperas, formar redes y hacer capacitaciones”.

Justamente esto último es otro de los problemas de Xochimilco. Para Coquis es una tristeza que la gente ya no quiera venir a trabajar al campo. Muchos han buscado empleos afuera o estudiaron y se dedican a otras cosas. En la zona de Xochimilco, donde se encuentran las chinampas de Yolcán, no quedan más de 40 campesinos.

“Quienes trabajamos en el campo no somos apoyados. Por eso queremos que la gente venga y conozca lo que estamos haciendo. Xochimilco no sólo son las trajineras [sus famosas balsas]”, dice el agricultor. “En Yolcán hacemos cosas diferentes: compostas y abonos para ayudar a las plantas, tenemos apantles que no están en contacto con el agua del canal sino que se llenan por medio de filtros naturales”.

La comida como punto de partida para el rescate

En 1986, el área de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta fue declarada Zona de Monumentos Históricos. Un año más tarde llegó la declaratoria de la Unesco para Xochimilco como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Eran el tipo de noticias que permitían vislumbrar escenarios más optimistas: empezarían a darse los primeros pasos para revertir la catástrofe, pues la mirada del mundo estaría puesta sobre los humedales de la zona.

Pero el tiempo ha demostrado que estos títulos rimbombantes fueron rebasados por la burocracia.

“En esta zona , más de un 80% de las chinampas están abandonadas. Por más que se hagan esfuerzos, si no hay gente, es complicado. Muchas de las personas que trabajan en Yolcán vienen de Puebla o de Veracruz, por lo que se podría hacer una propuesta que contemplara la llegada de campesinos de otros lugares. Es un esfuerzo que requeriría de un trabajo de coordinación con los dueños de las chinampas, pero es una solución posible”, explica Usobiaga.

Desde hace quince años se han hecho importantes estudios y diagnósticos que analizan el estado de conservación ecológico del Sistema Lacustre Chinampero. El Instituto de Biología de la UNAM y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) son dos de las instituciones que reiteradamente han señalado la gravedad del problema.

“Por un lado, se tienen diagnósticos, estudios del agua, del suelo y un catálogo de las chinampas, y por otro, se tienen ejemplos, como el de Yolcán, de que la agricultura orgánica puede funcionar, de que hay un mercado, de que a los mejores chefs de la ciudad les interesa involucrarse”, dice Usobiaga. Destacados cocineros mexicanos se han interesado en el tema, como Jorge Vallejo (del restaurante Quintonil, ubicado en el puesto 13 de acuerdo a un prestigioso ránking mundial) y Elena Raygadas, quien ha sido escogida como mejor chef femenina de América Latina. “Pero sigue haciendo falta un apoyo serio del gobierno, programas que estén bien encaminados, que no sean asistencialistas, sino de alto impacto”..

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Sin el mayor respaldo del gobierno u otras instituciones, cree que es muy difícil expandir su labor. “Hemos estado trabajando desde hace cinco años sin ningún apoyo. Necesitamos que la Autoridad de la Zona Patrimonio Mundial Natural y Cultural de la Humanidad en Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta reconozca el valor de proyectos como el nuestro. Nosotros tenemos técnicas, conocimientos y procesos para hacer desde limpieza hasta producción orgánica. Tenemos las respuestas, pero lo estamos haciendo a una escala muy pequeña, que resulta insuficiente para el rescate de las chinampas”, explica.

Como con los políticos, cada cierto tiempo la zona chinampera de la Ciudad de México acapara la atención mediática. Llegan nuevos delegados, prometen que harán las cosas diferentes y al pasar del tiempo la historia se repite: la destrucción ecológica de la zona continúa hasta alcanzar niveles angustiantes. El actual jefe delegacional de Xochimilco, Avelino Méndez, no ha sido la excepción. El pasado 16 de noviembre, solicitó a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) un presupuesto de 1,811 millones de pesos para el ejercicio fiscal de 2017, a pesar de que en 2016 le fue aprobado un presupuesto de 1,725 millones de pesos, de los cuales, al 15 de noviembre, sólo se había ejercido un 52%.

Por su parte, la organización Natoure –que está promoviendo el apoyo mediante la búsqueda de firmas– ha propuesto siete acciones estratégicas a corto y mediano plazo, entre las que se encuentran la implementación de un sistema de conducción y tratamiento para los más de 1,400 puntos de descargas de aguas negras que actualmente son vertidos hacia los canales; no permitir más asentamientos irregulares e impulsar la reactivación productiva de las chinampas a través de incentivos y capacitación de los campesinos locales.

“El problema se agravó cuando la gente empezó a usar una zona agrícola como una zona de vivienda. Eso afectó mucho al agua”, dice el chef Edgar Núñez, del restaurante Sud 777 (número 11 en la lista Latin America’s 50 Best Restaurants). Núñez tiene una cercana relación con Xochimilco desde la infancia. “Mi mamá me llevaba a comprar flores y productos. Y ahora las chinampas quedan a 12 kilómetros de mi restaurante, lo cual hace que para mí sea muy fácil tener una cocina local y muy fresca. Frecuentemente voy a buscar lechugas, espinacas, tubérculos y otros cultivos de temporada a Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac”, explica.

Desde su punto de vista, la industria gastronómica en México nunca antes se había sentido tan orgullosa de su pasado indígena. “Pertenecemos a la primera generación [él tiene 36 años] que está realmente orgullosa de ser mexicana. Hubo momentos de falta de identidad, pero ahora tenemos claro que sin el mestizaje no podríamos entender lo que somos”, explica Núñez.

Y es en este reconocimiento por los orígenes el que también puede alimentar un posible rescate de Xochimilco y las chinampas. “Me interesa volver a las formas antiguas de agricultura porque son las que nos convirtieron en una de las civilizaciones antiguas más importantes”, concluye.

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