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Elecciones

La primera Constitución "igualitaria" para eliminar la que dejó la dictadura: Chile elige asamblea constituyente

Los chilenos eligen la asamblea que deberá redactar una nueva carta fundamental para sustituir la heredada de la dictadura de Augusto Pinochet. Es un proceso que se aceleró tras del estallido social de octubre de 2019 y los jóvenes han asumido un rol esencial.
15 May 2021 – 02:47 PM EDT
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Trabajadores electorales se preparan para las elecciones de mediados de mayo de 2021 en Santiago, Chile. Crédito: Getty Images

SANTIAGO DE CHILE.- "Me hubiera gustado que esto ocurriera antes. Una parte de mi generación estuvo esperando este cambio de Constitución, pero sin mucha esperanza", dice Sergio Ramos, de 80 años.

Es economista, está jubilado, pero antes del golpe de Estado de septiembre de 1973 que derrocó al presidente socialista Salvador Allende, trabajaba directamente con él. Para evitar la represión de la dictadura militar, en diciembre de ese año se exiló a Francia y volvió a Chile, en 1990, tras el retorno a la democracia.

Desde entonces, dice Ramos, ha querido que se reemplace la Constitución aprobada en 1980 por el dictador Augusto Pinochet, que sigue vigente hoy.

Algunos más como él esperaron más de tres décadas. Otros, más jóvenes, algunos años, y otros más solo los meses que han pasado desde que el 25 de octubre pasado una mayoría aplastante de electores (cerca del 80%) aprobara el cambio de la Constitución en un plebiscito.

Sea como sea, gran parte de los chilenos lleva tiempo anhelando que se le ponga fin a la carta magna heredada de la dictadura. Esta fue redactada bajo la influencia del modelo de libre mercado del economista de la Universidad de Chicago Milton Friedman que algunos alaban y otros critican por no satisfacer las necesidades actuales de los chilenos.

Y aunque haya sido modificada en distintas ocasiones desde el regreso a la democracia, muchos consideran que carece de legitimidad política.

Es u n hecho histórico no solo a nivel nacional, sino que también internacional, puesto que Chile será el primer país del mundo cuya Constitución será redactada por un grupo paritario en términos de género: habrá tantos delegados mujeres como hombres. Además, la asamblea incluirá por primera vez escaños reservados para representantes de los pueblos originarios.

Una ruta compleja

Pero el camino hacia la redacción de una nueva carta fundamental para Chile ha sido tedioso, conflictivo y lento. Tras ser elegida por segunda vez en 2013, la entonces presidenta Michelle Bachelet dio inicio a un proceso constituyente que incluyó campañas de educación cívica y luego la creación de instancias de diálogo ciudadano sobre el tema.

Entre abril y agosto de 2016, los chilenos tuvieron la oportunidad de ser parte de una etapa participativa en la que, a través de encuentros locales, cabildos provinciales y regionales, asi como de consultas online, juntaron ideas respecto a lo que debería incluir una constitución nacida en democracia.

En base a eso, Bachelet envió al Congreso un proyecto constitucional al que sus sucesor, Sebastián Piñera, se negó a continuar cuando regresó a la presidencia en 2018.

Fue la crisis social que estalló el 18 de octubre de 2019 y que reveló el hastío de la mayoría de los chilenos frente a las desigualdades económicas y sociales, la que puso la exigencia de un proceso constituyente de vuelta al centro del debate público.

"Los políticos que aseguraron la transición de la dictadura a la democracia no fueron capaces de lograrlo, no se jugaron a fondo por modificar la constitución", dice Sergio Ramos. "Por eso, para mí estas esperanzas recién empezaron a aparecer después de la explosión social de 2019. La trajeron los jóvenes", asegura.

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Multitudinarias celebraciones en Chile tras plebiscito en el que se aprueba cambiar la Constitución

De la calle a las urnas

Chile no ha salido de la segunda ola de la pandemia y aunque un 40% de la población esté completamente vacunada, de acuerdo con el monitoreo mundial que hace la Universidad Johns Hopkins, la mayoría de las comunas del país siguen en confinamiento o con restricciones.

En los últimos días, la tasa de contagio por Covid-19 comenzó a estabilizarse después de varias semanas con las cifras más altas desde el inicio de la pandemia.

A pesar de eso, el gobierno decidió mantener las elecciones que ya habían sido postergadas de un mes. Para evitar aglomeraciones, extendió la votación a dos días en vez de uno solo y levantó las cuarentenas este sábado y domingo para permitirles a los electores cumplir con su deber cívico. Con un porcentaje de popularidad que no supera el 9%, Sebastián Piñera no tenía otra opción.

Para los chilenos, este es un momento crucial en muchos sentidos. No sólo porque se le pone fin a una Constitución hererada de una dictadura que dejó a 40 mil víctimas entre detenidos desaparecidos, ejecutados, torturados y presos políticos. Lo es también porque refleja las transformaciones sociales que se están dando en el país gracias, particularmente, al empuje de las generaciones más jóvenes.

"El estallido social fue sustentado por un componente juvenil", dice Teresa Valdés, socióloga y coordinadora del Observatorio de Género y Equidad. Hay un liderazgo, un impulso que ha sido fundamental. Han expresado muy bien la necesidad del conjunto de la sociedad.

El cambio en las dinámicas de género es un buen ejemplo de la fuerza motora de los chilenos nacidos en democracia. La creación de una Constitución redactada de manera igualitaria por mujeres y hombres -un hecho inédito en el mundo- consolida el rol pionero que ha tenido Chile en el avance hacia una mayor igualdad de género.

En 2018, el país vivió su cuarta ola feminista, considerada como el movimiento de ese tipo más grande de la historia de la nación. De esas marchas multitudinarias surgieron, entre otras cosas, el grupo Las Tesis cuya performance “El violador eres tu” dio la vuelta al mundo. Las universidades adoptaron nuevos protocolos para proteger a docentes y alumnas contras acoso y abusos sexuales y el Congreso aprobó nuevas leyes de protección a las mujeres.

Esta ola feminista que partió con protestas estudiantiles contribuyó a mostrar que los cambios eran posibles y visibilizó la capacidad de movilización de las generaciones más jóvenes consideradas durante mucho tiempo como poco comprometidas políticamente.

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"Un violador en tu camino", cantan las mujeres en varios países para rechazar la violencia de género

"Los jóvenes habían estado fuera de los canales más tradicionales de la participación política que son las elecciones. Se involucraban de otra forma, a través de protestas, marchas y huelgas. Pero el plebiscito (constituyente) los logró cautivar", explica Felipe Ajenjo, coordinador del área de gobernanza y territorio del PNUD en Chile.

Las cifras avalan esta tendencia. Un estudio de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo indica que en esa oportunidad las comunas con una mayor población juvenil alcanzaron un promedio de participación de 46.5% del padrón, mientras que en las que suman más ancianos solo se llegó a 41.5%.

Otros datos entregados en los últimos días por el PNUD, revelan que los jóvenes entre 18 y 29 años votaron un 20% más en el plebiscito que en los comicios anteriores, convirtiénse en el grupo etario de mayor participación con una cifra de más de 56%.

Gaspar Palisson, un estudiante de Ciencias Sociales y de 20 años, fue uno de los jóvenes chilenos en preocuparse de no perder su voto. Cuenta que entre sus compañeros todos fueron a las urnas. Él votó “rechazo” en el plebiscito porque considera que nuevas reformas a la constitución habrían sido suficientes. Pero le importa que se avance.

"El plebiscito era un tema tan importante, entonces todo el mundo votó. La carta magna de un país es en lo que se basa todo", dice. Y está la sensación de que se dejó botada a la población. La clase política está desconectada de la gente y no ha sabido darse cuenta de que si bien ha habido mucho progreso en los 30 años de democracia, hay muchos objetivos que no se tomaron en cuenta. El sistema que se implemente ahora tiene que ser más equitativo.

Consuelo Robledo, una antropóloga de 26 años que colabora en una organización dedicada a la educación cívica y la participación ciudadana entorno al proceso constituyente y quien votó “apruebo”, siente que el cambio de Constitución es simbólico. Le pone fin a un período, la transición entre dictadura y democracia, en que se privilegió el equilibrio democrático por sobre las necesidades de la gente.

"Hay mucha rabia por el desgaste del sistema y la precarización de la vida de las personas en educación, salud, pensiones y viviendas. Cambiar la constitución es muy importante para pasar a otra etapa".

Una elección compleja

Para estos comicios, no obstante, quedan muchas interrogantes. Además de escoger a sus constituyentes, los votantes tendrán que elegir a gobernadores, alcaldes y consejales municipales. Por ser varias elecciones en una, debido en gran parte a los reagendamientos a los que obligó la pandemia, son mucho más complejas. Hay un gran número de candidatos y de listas electorales, por lo que se presta a confusión. En ese contexto, queda por verse cuántos jóvenes acudirán finalmente a las urnas.

"Ha sido complicado, abrumador ver tanto cartel, tanta gente postulándose. Uno puede votar por una sola persona pero hay como cuarenta candidatos por distrito", dice Gaspar Palisson. Con tanta la información es difícil.

Estos, además, son comicios que no cuentan con la épica del plebiscito. Por eso, los expertos se preguntan si la nuevas generaciones de electores mantendrán su alta participación.

La cientista política María Cristina Escudero, académica del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile considera fundamental que sigan haciéndose escuchar a través de los canales tradicionales también. Por eso espera que este fin de semana sean muchos en votar.

"Los más jóvenes son los que van a vivir la nueva Constitución, entonces es muy relevante que sigan sintiéndose parte de ese proceso y lo legitimen", dice.

Para Consuelo Robledo, la antropóloga de 26 años, en lo que va ya se ha avanzado mucho. Su generación y las que siguieron, dice, pudieron instalar un diálogo ciudadano que no existía sobre lo que quieren los chilenos a corto, mediano y largo plazo.Y ese ya es un logro.

"Esa conversación que se abrió es muy importante", dice. Y en eso los jóvenes tenemos mucho que decir.

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