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“Kill Gates”: ¿el nuevo gran hermano que todo lo controla?

Los creyentes de teorías de conspiración ven a Bill Gates como aquel espía invisible de la novela 1984, de George Orwell, que todo lo veía y dominaba. El creador de Microsoft usa su inteligencia fuera de lo común para crear sistemas innovadores que lleven servicios básicos a zonas muy pobres y vacunas necesarias a la población, pero su estrellato se lo debe a rebuscadas acusaciones sin evidencias. Algunos le atribuyen hasta la creación del coronavirus.
1 Abr 2021 – 10:43 PM EDT
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Bill Gates vive un nuevo "estrellato" pero no por su inteligencia, innovaciones tecnológicas ni obras sociales... sino por las más insólitas teorías de conspiración. Crédito: Fotos Getty Images/Arte David Maris

Inicialmente era el personaje principal de la novela 1984, de George Orwell, que hacía alusión alegórica al totalitarismo comunista: el Gran Hermano era un espía invisible, que todo lo sabía, todo lo veía y tenía el control absoluto (conjugaba la figura de Dios, del Estado Totalitario y del miedo).

Luego, en referencia a ese personaje, se hizo mundialmente conocido por el reality show The Big Brother, una franquicia que ha sido producida por al menos tres décadas en la industria de la televisión de medio mundo.

Son las atribuciones que las teorías conspirativas endilgan a Bill Gates: en cualquier movimiento importante que guíe el destino actual del mundo, ahí estaría metida, detrás, la mano calculadora del magnate. Los creyentes de estas teorías están fervientemente convencidos de que Gates es el heredero de George Soros, uno de los más célebres filántropos estadounidenses, a quien hasta hace poco - y aún - le endilgaban innumerables poderes y lo hacían parte de ' Los Illuminati'. Y sus mayores “pruebas” han sido “desplegadas” a raíz de la pandemia.

En recientes entrevistas, a propósito de su nuevo libro ' How to avoid a climate disaster' (Cómo evitar un desastre climático), un proyecto en el que propone un plan para liberar al mundo de la amenaza más grave de la que se tenga memoria, Gates ha respondido con genuina sorpresa a las acusaciones más recientes: “ ¿Por qué querría yo saber la información de toda esa gente?”.

La explicación sucede a la más nueva de las insólitas especulaciones de la que es sujeto: que las vacunas contra el coronavirus tendrían un chip que permitiría a Gates conocer la información, localización e identidad de cada uno de los vacunados en el mundo.

Eso sin contar que también se le sospecha como “autor y creador” de la pandemia misma - en sociedad con el régimen chino - de la cual, ahora que se habría inventado convenientemente la vacuna, sacaría provecho.

La lista de poderes que se le atribuyen es enorme. En los chats de la agrupación QAnon, un movimiento político que asume y difunde múltiples teorías conspirativas, su sobrenombre es “Kill Gates”, y allí se afirma con naturalidad que, con la “excusa” del cambio climático, Bill Gates estaría planeando una lluvia de calcio a la atmósfera para producir una “noche eterna” y tomar el control del planeta (suena de tira cómica, pero esta es una conversación seria de muchos partidarios de esas teorías).

Hechos de los que las teorías de conspiración acusan a Gates:

¿De dónde viene?

Cuando era un niño, la inteligencia de Bill Gates era tal que, a diferencia de lo que hacemos la mayoría de los mortales, cuando se sentía frustrado, en lugar de pelear, levantar la voz o rebelársele a sus padres, su manera de mostrar sus desacuerdos era encerrarse en su cuarto a leer. Incomunicarse. Algo que desesperaba a su familia y que a él no le producía ninguna incomodidad.

Por su inteligencia fuera de lo común, sus años juventud no fueron fáciles, entre otras cosas por su particular manera de socializar. Pero en aquella Seattle que lo vio nacer y crecer, ya en 1972, a los 17 años, terminaba el primer programa que anunciaba un cambio profundo en la historia de la humanidad: un software que haría en el futuro que los individuos comunes pudieran tener y usar sus propias computadoras.

Apenas tiempo después fundó, con Paul Allen, Microsoft, la más grande compañía productora de software desde entonces, y una de las más estables, sólidas e innovadoras empresas del mundo de la informática y la tecnología.

En 1998, con el correo electrónico en plena expansión, tuve el privilegio de asistir a un encuentro con periodistas en Boca Ratón, Florida, en el que le preguntaron si no temía que el avance en las comunicaciones cibernéticas amenazara la socialización como la conocíamos. “Es el mismo miedo que le tenían al libro”, dijo, “y, casi 800 años después, el libro es hoy el bien cultural más preciado de la civilización”.

Brillante, la respuesta era expresada, como es de suponerse, por un hombre de maneras extrañas. Frío, poco expresivo, eso sí, que no se equivocaba en sus palabras. Era el autor de un cambio que afectaría a la humanidad toda por el resto de la Historia: la automatización informática en la vida diaria. Apenas dos décadas después trabajamos, estudiamos, creamos, socializamos y nos divertimos gracias a aquel primer paso que se ingenió Bill Gates. Pero eso lo hizo popular sólo en algunos círculos. Habría sido inimaginable que terminaría siendo mundialmente célebre gracias a los más insólitos ensayos especulativos.

De ser un joven prodigio a inventor y empresario asombroso, Bill Gates dedica ahora toda su magnífica inteligencia y capacidad para articular conocimientos, capitales y esfuerzos en los objetivos más necesitados y universales, como vacunar de enfermedades prevenibles a poblaciones poco favorecidas y crear procesos sanitarios en países que no tienen recursos para hacerlo.

Poblaciones enteras que no tenían cómo separar aguas blancas y aguas negras, ahora tienen cómo hacerlo gracias a las invenciones de pocetas, ductos y sistemas que no sólo crearon Gates y su equipo, sino de lo que también se ha encargado de financiar. Bill Gates apuesta por la depuración de aguas residuales “Son países pobres de gobiernos pobres, no hacemos nada con instalar un sistema de aguas que luego no puede ser mantenido, así que tuvimos que crear uno que pudiera ser útil a largo plazo”, explica en el documental Inside Bill’s Brain, que está en Netflix.

Recientemente se ha dedicado a crear opciones que van desde la energía sustentable, pasando por la transformación de la atmósfera y la utilización de la energía atómica para que el ser humano pueda lograr revertir el acelerado proceso de calentamiento global al que ha sometido a la atmósfera con la producción de energía con recursos fósiles. “Necesitamos ir más rápido que las capacidades naturales que tendríamos para hacerlo si queremos lograrlo a tiempo”, explica. “De lo contrario, para el año 2050, no estaremos listos”.

Los cálculos indican que para el año 2050 no sólo se habrán extinguido un sinnúmero de especies y se reportarán una cantidad de cambios climáticos irreversibles, sino que la posibilidad de la vida humana tal como la conocemos se verá francamente amenazada.

Paradojas del destino

Lo que nunca imaginó Bill Gates es que su celebridad lo convertiría en un tótem de las teorías conspirativas. A sus 65 años es más popular que nunca, pero no sólo por las innovaciones que cambiaron el curso de la sociedad, la educación y los negocios, tampoco se ha reducido a sus actividades de filántropo (todos los años vuelve a donar la fortuna que recibe para causas benéficas), ni porque dedique sus relaciones, conocimientos y esfuerzos a crear sistemas que disminuyan las desigualdades sanitarias del mundo.

Sino que una de sus cimas de popularidad se refleja en memes, odios, teorías conspirativas y acusaciones de complicidades que no sólo no son comprobables, sino que para muchos resultarían inauditas de imaginar.

Contradictoriamente, que muchos supongan que detrás de su filantropía hay sólo malévolos intereses, es el precio que tiene que pagar Bill Gates por dedicarse a ser benefactor.

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