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Así era la vida antes de internet

En el 25 aniversario de la web recordamos cómo éramos en 1991. ¿Vivíamos desconectados? No. Compartíamos todo a nuestra manera: en persona y de viva voz.
23 Ago 2016 – 05:48 PM EDT
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Antes de 1991 compartíamos todo a nuestra manera: en persona y de viva voz. Crédito: iStock

Soy suficientemente viejo para poder hablar con autoridad sobre el tema. Sí, hubo una vez que vivíamos sin Internet, sin wifi, sin conexión remota, sin smartphones, sin poder hacer preguntas a Siri y a Google, sin Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, LinkedIN, Snapchat y demás aplicaciones en celulares y tablets. Y aclaro que por entonces ya aparecían unos tabiques gigantescos por los que era carísimo hablar con alguien. Se veían así:


Entonces MTV hacía las veces de YouTube. Había que sintonizar un canal específico en un televisor para ver los videos de Peter Gabriel, The Police, The Cure y Dire Straits. Eran aquellos tiempos en que video killed the radio star y uno tenía que hacer el esfuerzo narrativo de describir lo que ahí ocurría porque no había modo de compartir links en ningún lado, simple y sencillamente porque la palabra hipervínculo sólo existía en el Pentágono y en la NASA.

Los bares, los colegios y las calles hacían las veces de Tinder. Los botones de Me Gusta y Me Gusta Muchísimo estaban activados en el cerebro y escapaban por la boca. Lo que hoy es así

Antes era más o menos de esta forma:

No es que todas las relaciones se cocinaran a fuego lento, pero no teníamos álbumes de fotos digitales con gente dispuesta a ver una película de Netflix en el sillón de la casa. Porque no había Netflix. Y es que todavía no aparecían en escena, ni hablar, los salones de chat, tipo ICQ que, dicho sea de paso, ahora pretenden ser espacios alternativos para ligar.

Pedíamos taxis con señas o por teléfono, en vez de oprimir el botón de Uber. Acudíamos a una agencia de viajes para que nos armaran el paquete vacacional con un boleto de avión que tenía muchas hojitas y enormes catálogos con fotos de hoteles de 3, 4 y 5 estrellas para elegir el adecuado, bajo la asesoría de un señor o una señorita, sin poder buscar los comentarios positivos y negativos en Tripadvisor ni hacer comparativos de tarifas aéreas en Kayak.

Las fotos las tomábamos con estas cámaras, en el mejor de los casos:

En realidad, usábamos más bien cámaras analógicas con películas en filme que debíamos llevar a unos sitios físicos llamados centros de revelado donde, con fortuna, nuestro rollo de 12, 24 o 36 fotos saldría completo, sin imágenes veladas. Y entonces las colocábamos, por tema, en grandes álbumes para poderlas mostrar a familiares y amigos.

Las tiendas de discos eran espacios físicos donde uno podía primero comprar acetatos de larga duración o CDs, clasificados por género musical y por banda en riguroso orden alfabético. Uno podía quedarse horas ahí en las casetas de audífonos, escuchando tramos generosos de canciones, hasta que las orejas ardían de calor. No había iTunes ni iPods (bueno, no había nada que tuviese una i minúscula como prefijo) ni Spotify. Pero había conciertos, sí, un montón de conciertos con grandes bandas, por separado, sin tener que recorrer kilómetros para buscar el segundo o el tercer escenario en esos festivales de decenas y decenas de músicos.

Entonces Wikipedia era en realidad, en distintos versiones y variedad, una serie de tomos de papel que uno llamaba enciclopedia. Esta era muy famosa:

Acudíamos a bibliotecas y librerías. Comprábamos monografías en las papelerías con las historias compactas de los héroes patrios. Consultábamos almanaques y atlas gigantescos con los mapas del mundo. Nos mandábamos faxes y cartas con sellos. Veíamos caricaturas o telenovelas o noticias en la tele y no cazábamos pokemones por las calles.

¿Vivíamos desconectados? No. Es como decir que los visigodos extrañaban la pizza cuando ni siquiera se había inventado la pizza. No había ni manera de concebirla. No, antes de 1991 compartíamos todo a nuestra manera: en persona y de viva voz. Opinábamos en los cafés y en los bares, donde solíamos congregarnos con mayor regularidad. Apenas 25 años atrás, cuando convivíamos los de la Generación X y los Baby Boomers, a nuestro modo, con otros conflictos generacionales, sin ese umbral de vertiginosa frustración de los millennial y los Z, esas generaciones que pueden enloquecer de rabia en caso de encontrarse con la circunstancia de un lugar sin WiFi.

No, la vida no era mejor. Nomás era distinta.

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