¿Por qué se visten con túnicas rojas y sombreros blancos las mujeres que protestan contra Kavanaugh?

Un ejército de mujeres uniformadas invadió esta semana los pasillos del Philip A. Hart, el edificio del Senado donde se llevaron a cabo las audiencias de confirmación del candidato a la Corte Suprema Bret Kavanaugh. Iban vestidas como si se hubieran fugado de una aldea puritana del Siglo XVII. No es la primera vez que las mujeres usan estos disfraces para manifestarse y defender sus derechos reproductivos. Esta la historia detrás de esa peculiar elección.
8 Sep 2018 – 8:21 AM EDT

Las puertas del ascensor se abrieron y de su interior salió un séquito de mujeres todas vestidas con túnica rojas que llegaban hasta sus pies. Las cabezas gachas dejaban ver unos gorros blancos que además de ocultarles el pelo blindaban sus miradas y las hacía lucir casi idénticas, irreconocibles. Las mujeres empezaron a caminar por los pasillos del Philip A. Hart, el edificio de oficinas del Senado, en Washington, a donde el nominado a ser magistrado de la Corte Suprema Brett Kavanaugh había llegado temprano. Era martes 4 de septiembre, el primero de cuatro días, de su audiencia de confirmación.

Como si se tratara de un ejército entrenado, en silencio, las mujeres de las túnicas rojas se dispusieron en el espacio en ordenadas hileras. Se acomodaron a lo largo del pasillo. Se organizaron sobre las escaleras. Su sola presencia, su mutismo, parecía ser su gran gesto de protesta contra el hombre que de ser elegido como el nuevo miembro de la Corte Suprema podría cambiar para siempre las libertades que las mujeres de Estados Unidos han conservado durante décadas sobre sus cuerpos.

Pero, ¿qué significado oculto comunicaban esas herméticas ropas elegidas por las manifestantes?

No era la primera vez que policías y agentes del orden desconcertados debían lidiar con el extraño ejército de mujeres desarmadas que parecían salidas de una aldea puritana del Siglo XVII. La misma masa de cuerpos vestidos de idénticas batas rojas y gorros de monjas se había visto en el mes de marzo de 2017, en las marchas que se organizaron frente al edificio del Capitolio en Texas para protestar contra el proyecto de ley SB 415 del Comité Nacional del Derecho a la Vida, que limitaría los procedimientos de abortos en el estado.

¿Quién inspiró a todas esas mujeres a vestirse así?, ¿qué las llevó a elegir de manera masiva la misma estética?


La misma milicia escarlata, quizás más grande en tamaño, había desplegado su mutismo durante el Encuentro de Seguridad Cibernética, realizado casi un año después, el 31 de julio de 2018 a las afuera del Departamento de Seguridad Nacional.

Apareció incluso en Argentina, en el mes de agosto, en el 'Parque de la Memoria', mientras al interior del Congreso los senadores decidían si legalizar o no el aborto y Costa Rica e Irlanda, también reportaron sus propios brotes.

¿Por qué todas esas mujeres de edades, razas y procedencias tan diferentes en el pasado y esas que habían llegado a la audiencia de Brett Kavanaugh estaban protestando vestidas de rojo y con túnica?

El ejército de las criadas

El vestido rojo que todas estas manifestantes, madres, estudiantes, profesionales, reivindicadoras de los derechos han adoptado en los últimos años para sus protestas pacíficas es, en realidad, una especie de disfraz, uno que recrea con exactitud el vestuario que usan las mujeres de la serie de Hulu ‘El cuento de la criada’ (su título original en inglés es 'The Handmaid's Tale'), inspirada en la novela del mismo nombre escrita en 1984 y publicada un año después por Margaret Atwood.

En la novela, la población se está reduciendo debido a problemas ambientales, y la capacidad de tener bebés saludables se ha vuelto “un bien escaso”. Estados Unidos, su Constitución y su Congreso han dejado de existir y todos están bajo el poder de los dirigentes de la República de Gilead, un pavoroso régimen que se las arregla para reclutar a las pocas mujeres fértiles que quedan y asignárselas a sus líderes político a manera de criadas, de ahí el nombre de la novela y de la serie.

Aunque más que sirvientas convencionales son esclavas sexuales, violadas por sus amos, con permiso de sus señoras y en presencia de ellas, cada vez que las criadas están ovulando, con el único propósito de concebir un bebé. El placer está de tajo prohibido, incluso entre esposas.


Esta nación ficticia, que a pesar de no ser real bebe de muchas tragedias humanas narradas por la historia en diferentes naciones, tiene en la base de su ideología política un pasaje bíblico: el de Jacob, sus dos esposas, Raquel y Lea, y sus dos siervas. Un hombre, cuatro mujeres, 12 hijos, un mundo anclado en el pasado y en la religión en el que las sirvientas no pueden reclamar a sus hijos.

A pesar de que esta historia lleva casi cuatro décadas circulando no solo como novela, sino como película e incluso como obra de teatro, fue realmente la coincidencia con el asenso al poder del presidente Donald Trump, su clara animadversión con las mujeres y su relanzamiento como una nueva súper serie producida por Hulu, lo que hizo que las criadas de Margaret Atwood dejaran de ser personajes de una narración y se convirtieran en mujeres reales de carne y hueso que al vestirse en público como estas criadas, le dicen al mundo que temen que con las nuevas direcciones que toma Estados Unidos algo parecido pueda ocurrirles en el futuro.


Al fin y al cabo y, como lo dijo la propia autora del libro en un ensayo escrito en The New York Times, "La República de Gilaead se basa en las raíces puritanas del siglo XVII que siempre han existido debajo del EEUU que creíamos conocer. Estas raíces puritanas nos resultan familiares, incluso hoy en día, y es parte de lo que hace que Gilead sea tan horrible”.

El poder de una túnica roja

Los modestos y chocantes trajes usados por las mujeres en las protestas contra Brett Kavanaugh, quien en sus declaraciones incluso ha usado el término “drogas abortivas” para referirse a los métodos anticonceptivos, son los mismos que llevan las oprimidas de Gilead que se derivan de la iconografía religiosa occidental.

“Las sirvientas visten túnicas como vírgenes, el rojo refiere la sangre del parto, pero también a la mismísima María Magdalena. Además, el rojo tiene un valor estratégico, es más fácil de verse si alguien intenta huir”, explica a Univision Noticias Lauren Boumaroun, PhD de la escuela de Estudios en Cine y Medio de UCLA, quien asegura que este disfraz se ha hecho universal porque los problemas que enfrentan las mujeres son universales.


“La opresión de las mujeres y la vigilancia de sus cuerpos no es solo un problema en Estados Unidos, de hecho, es mucho peor en algunos otros países. Usar este disfraz se ha hecho sinónimo de un concepto básico: opresión”.

Ya en la historia real, que no solo en la ficción de Atwood, muchos totalitarismos han usado ropa para identificar y controlar a las personas. “Estrellas amarillas y piyamas de rayas para los judíos, por ejemplo, porque con la asignación de un vestido la creación de herejes se hace mucho más fácil”, añade Boumaroun.

Que las mujeres se disfracen para mostrarle a sus gobernantes su voz de protesta, no es tampoco un mecanismo del todo nuevo. El 3 de marzo de 1913, un día antes de la inauguración del presidente Woodrow Wilson, 8,000 mujeres marcharon para la Asociación Nacional de Sufragio Femenino Estadounidense. “Muchas fueron vestidas como ‘Columbia’, la personificación femenina de América y organizaron una actuación frente al Edificio del Tesoro en Washington DC. El disfraz tenía en ese momento otra invocación, el que se permitiera que la nación también fuera construida con las ideas y opiniones de las mujeres”, explica Boumaron en entrevista con Univision.

Disfrazadas de 'Columbia' protestaban las mujeres en 1913 para que las dejaran votar

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Margaret Atwood no podía anticipar que toda esta carga política iba a ser puesta sobre los ropajes que había creado para vestir a sus personajes, tampoco podía prever que su historia escrita en 1984 iba a cobrar tal relevancia décadas después, como ella mismo lo ha explicado en múltiples entrevistas, ella “solo escribió un libro”. Sin embargo, el miedo que experimentan sus mujeres inventadas parece compartir el mismo color escarlata del miedo que tienen muchas mujeres hoy en Estados Unidos a que el acceso al aborto en este país está en la cuerda floja y con él en la cuerda floja la posibilidad de seguir siendo dueñas de su cuerpo y sus libertades reproductivas.

Mientras las mujeres vestidas de criadas esperaban a las afuera de la audiencia de Brett Kavanaugh, adentro, la senadora demócrata Kamala Harris le preguntaba: ¿Puede pensar en alguna ley que le dé al gobierno la posibilidad de decidir sobre el cuerpo de un hombre? Ella no llevaba puesta ninguna túnica roja, pero era una de ese mismo ejército.

Fotos: Tensión y protestas en la audiencia de confirmación de Brett Kavanaugh

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